Mensaje de los fundadores

Jacqueline Ponce

Cuando entendemos que las personas somos parte de un sistema en el que a todos nos corresponde tomar un rol protagónico, se pone como prioridad el no olvidar que somos una sola especie humana, frágil y fuerte al mismo tiempo, que vive en un solo planeta.

Cuando la sociedad entiende, que nuestros hogares son nuestro primer territorio, que nuestros hijos y estudiantes son nuestros maestros, son nuestros espejos de nuevas formas de vivir y el cambio de mentalidad que construimos juntos.

Encontramos que es posible el bienestar emocional, que al analizar la información, el ver la diferencia entre lo importante y lo que no lo es, crea un escenario en el que los niños y jóvenes alcanzan su propia visión del mundo, y poseedores de una concepción cabal, deciden hacer las cosas, no al azar, sino siendo más conscientes e inteligentes de lo que necesita la sociedad donde habitan. 

Nuestra sociedad y nuestro sistema educativo trabajan alineados y dan importancia a la práctica, la experiencia, la reflexión, la creatividad, el escuchar más a sus actores, desafiando los peligros del cambio climático, pobreza, eventos tecnológicos disruptivos, resistencia a las noticias falsas, y principalmente cuestionándonos ¿qué debemos enseñar a las nuevas generaciones?

Ante esta última interrogante, (Harari Yuval N. 2018, pag. 288) nos recomienda enseñar: las cuatro ces: pensamiento crítico, comunicación, colaboración y creatividad. Para estar a la altura del mundo de 2050. Además, dice que, necesitaremos no solamente inventar nuevas ideas y productos: sobretodo necesitaremos reinventarnos una y otra vez.

Al reinventarnos, el contacto humano es clave, cuando cada actor del proceso se permite ser “un ser humano” en relación con “otro ser humano” intrínseco para evolucionar.

El reinventarnos es acceder a un ambiente mágico combinado de elementos tales como: clases al aire libre, sugerentes, naturales, multisensoriales, inspiradoras; y como si fuera poco, nos confiere el derecho a equivocarnos, a cometer errores, parte sustancial e indiscutible del proceso educativo. El error es esencial para el desarrollo de la inteligencia al más alto nivel.

Si no podemos entender al mundo, ¿cómo podríamos entender lo que está mal o bien?  por lo que, se hace preciso contar con personas que conozcan qué sucede en su contexto, cómo funciona su cerebro, la memoria, la atención, las emociones y cómo éstas se desarrollan y participan en el aprendizaje.

Es así, que la educación vive un proceso vertiginoso, que, para correr deprisa, no debemos llevar mucho equipaje, por lo que dejar atrás lo irrelevante, es elegir el cambio, que nos pone conscientes que es indispensable vivir “Un Día a la Vez”.

“Un Día a la Vez”, es la metodología del JK, que considera elementos claves como parte fundamental de la educación: tomar la inteligencia artificial, la ciencia,  la clase invertida, la autonomía, la sorpresa, el entusiasmo, la música, los juegos, el movimiento, la investigación; unidas a habilidades sociales, manejo y control de emociones; habilidades de comunicación, que vinculadas con las experiencias pedagógicas y cotidianas, dinamiza y reta a sus actores a construir experiencias relevantes y diferentes para vivir y pensar mejor de manera analítica, creativa y práctica.

Es así que, cada actor inmerso en el sistema JK, se prepara para una transformación sin precedentes, capaz de mover finamente al mundo y dejar una huella y un legado a favor de la vida, entendiendo, que, de aquí, en adelante, el cambio será la única constante.  

¿Qué se siente, el ser parte de este valioso grupo de personas extraordinarias que interactúan en el JK, y que está cambiando el mundo?

Pablo Ponce

En el colegio JK creemos firmemente en la educación pragmática y vivencial con un método de enseñanza integral donde el desarrollo cognitivo va de la mano con el desarrollo emocional.

El aprendizaje al igual que el mundo cambiaron. En el año 2020 vivimos un reto gigante y lo afrontamos con innovación, entendiendo que la tecnología y la virtualidad llegaron para quedarse, así como la necesidad de crear espacios de aprendizaje al aire libre para reconectarnos con la naturaleza.

La educación va mucho más allá de números o letras; se trata de amar, respetar y valorar la vida de todos los seres que habitamos el planeta, creando una conciencia y una filosofía de vida.

Los jóvenes de hoy más que nunca deben ser escuchados, deben crear su propio criterio y no criterios impuestos. La pregunta que deberíamos hacernos todos los días es: ¿Cuál es el sueño de un niño o un adolescente?, ¿Los adultos podríamos impulsar estos sueños para que puedan hacerse realidad?.

Voy a tomar una frase de una de nuestras alumnas: “Uno sí puede transformar e influir, pero si lo hacemos en grupo, cobra una potencia enorme en la transformación de una sociedad”.

En estos 31 años de vida hemos tenido el compromiso de otorgar una educación más consciente e incluyente. Hoy más que nunca es necesario unir esfuerzos para formar personas maduras, capaces de reconstruir el tejido de las relaciones con nuestro entorno. Los niños, niñas y jóvenes pueden cambiar el mundo con su cabeza, corazón y conciencia, alumbrando todo lo que les rodea y guiando a quienes necesiten de su ayuda. Ellos necesitan nuestra guía, apoyo, inspiración e impulso para garantizar el futuro de las próximas generaciones.

Nos damos cuenta, que en este Proyecto educativo el liderar, el compartir es preponderante y  esencial, porque cada miembro, desde su propio rol, decide transformar el mundo. Es así que nace el lema “Aquí cambiamos el mundo”, lema que caló profundamente en nuestro pensamiento, que surgió de un proceso colaborativo de construcción, que coincidentemente movió a 12 personas que unidas comenzaron a vivir un proceso que no se detuvo ni se ha detenido hasta ahora, que mirándonos ahora, no solamente crecimos en número, sino en formas de vida que mueven a 150 profesionales educadores y administrativos, 791 estudiantes con 600 familias que han confiado y son parte de una convivencia pacífica, que no deja de soñar y marca un destino innovador en su proceso que nunca va a morir.

Nuestro acierto es pensar que se pueden hacer las cosas a pesar del pronóstico desatinado, inoportuno que algunas personas en ciertos momentos te podrían insinuar.

Nuestro acierto ha sido creer que a pesar de que no cuentes con las habilidades y la experiencia suficientes y no cuentes con todo el dinero que requieres, de a poco y con persistencia puedes llegar a descubrir que los sueños se alcanzan, pero que sin decisión, sin esfuerzo y sin carácter, se esfuman como el agua entre los dedos, porque si esperamos estar listos, estar preparados, los mejores momentos podrían tardar demasiado o simplemente no alcanzarlos jamás.

Nuestra consciencia de imperfección, nos ha permitido darnos cuenta que los retos no terminan, que las metas alcanzadas se convierten en procesos de un nuevo camino a seguir, de un nuevo desafío a alcanzar.

Sin desengaños, sin errores y sin desaciertos los éxitos no llegan, están fuera de probabilidad, se pierde la esencia que te hace real, audaz y valiente para construir puentes de oro, de valor para persistir en el propósito de realizarnos con amor y pasión por lo que queremos alcanzar y vivir.